viernes, 23 de octubre de 2009

El Sueño del Hombre y la Luna


El Sol se ocultaba ya, dando paso a una estrellada noche de verano. Yo permanecía atento a las evoluciones de la Luna en el cielo, cuando de repente, me guiñó un ojo:

-Dime, pequeño, ¿por qué me miras de esa manera?

Le dije:
-Espero que no te moleste que te mire. Me pareces muy bella y por eso te observo todas las noches con interés.

Luna contestó:
-No, pequeño, no soy tan bella. ¿No has visto que hoy no brillo? Estoy triste…

-¿Triste? –le pregunté- ¿Cómo puedes estar tú triste, que iluminas las noches de verano igual que mi corazón cuando me siento decaer?

Y Luna, lanzando un largo suspiro, contestó:
-¿De qué me sirve iluminar las vidas de los demás, si no puedo iluminar la mía? Mírame, pequeño. Siempre estoy aquí arriba, completamente sola… siempre, siempre sola…

Y de repente Luna se apagó.

-¡Espera un momento! –grité a la oscuridad-. ¡No puedes apagarte así! Yo te necesito. Y estoy seguro que hay más gente que te necesita también, brillante en el cielo. Eres mi inspiración, sin ti estoy perdido. Además, no estás sola. ¿No ves todas las estrellas que parpadean a tu alrededor? Están deseando que les ofrezcas tu amistad. Si te sientes sola, es porque no lo remedias.

Luna volvió a encenderse. Ya no estaba triste. Me miraba con una sonrisa y me dijo:
-Veo que lo has entendido. Luna no puede estar triste ni sentirse sola, porque es un astro. Pero tú, pequeño, sí puedes sentirte triste y solo. Pero no te apagues por ello, porque puede haber gente que, sin tú saberlo, te necesita encendido. ¿No les ofrecerás tu amistad?

A los lunáticos.

Imagen: Luumanfoo29

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